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Ecoproductos que contribuyen para la calidad del AIRE interior

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Si, por un lado, sistemas de conservación de energía, tales como edificios estanques, pueden proporcionar  una reducción acentuada de las pérdidas de energía, por otro, las tasas de ingreso de aire son menores.

Además de los edificios se hubieren vuelto cada vez más estanques, su nivel de automatismo también ha aumentado. Este facto ha creado una gran dependencia de controles automatizados para operar sistemas de ventilación mecánica y aire acondicionado en los edificios, sobre todo los de servicios.

Como la temperatura y  la humedad son los únicos criterios utilizados en el momento para evaluar el aire interior, otros aspectos de su calidad son ignorados. La crecente preocupación con el aspecto económico del ahorro energético hace con que la Calidad del Aire Interior (CAI) sea olvidada. Si, por un lado, sistemas de conservación de energía, tales como edificios estanques, pueden proporcionar  una reducción acentuada de las pérdidas de energía, por otro, las tasas de ingreso de aire son menores. La consecuencia es un aumento significativo de las concentraciones medianas de contaminantes en el aire interior.

Hoy día sabemos que un conjunto de contaminantes – incluyendo monóxido de carbono, amoníaco, dióxido de azufre y nitrógeno –  son producidos en el interior de edificios por materiales de construcción de base orgánica, productos de limpieza, mohos, moldes, el metabolismo humano así como la propia actividad humana de cocinar a lavar y secar la ropa. Tales contaminantes comprometen la salud y el rendimiento del trabajo de los utilizadores de los edificios.

Algunos edificios incluso se apellidan de enfermos por la terrible calidad de su aire interior. La expresión Sick Building Syndrome (SBS) / Síndrome de Edificio Enfermo fue creada para caracterizar un estado transitorio de enfermedad que desaparece cuando la gente sale del edificio.

Esta condición es causada por el mantenimiento inadecuado de los sistemas de ventilación y aire acondicionado. Estos sistemas pueden producir microorganismos que fácilmente se propagan por todo el sistema de circulación del aire.

El término “Edificio Enfermo” surgió en los años 70 en Estados Unidos y Escandinavia y se utiliza para describir situaciones en las que un número significativo de utilizadores (aprox. 20% según Robertson:1995) presenta algunos de estos síntomas:

  • Ojos: irritación, sequedad y prurito;

  • Nariz: irritación, sequedad y congestión;

  • Garganta: sequedad, ronquera, prurito y tos;

  • Piel: irritación, sequedad, prurito y eritemas;

  • Cabeza: dolor, nausea y mareos;

 

La calidad del aire juega un papel fundamental en este proceso. Todavía, otras condiciones de confort deben ser consideradas pues tanto el calor como el frio excesivo, las corrientes de aire, la humedad inadecuada, vibraciones, ruidos y la luminosidad interaccionan y contribuyen para un aumento de las quejas de los utilizadores.

Algunas medidas se pueden y deben tomar para impedir la contaminación del aire interior y su efecto sobre la salud de los utilizadores. Ese efecto se repercutirá en el número de ausencias, los gastos con tratamientos médicos y la productividad en general. Esas medidas son parte de un programa de monitorización, evaluación y control de los sistemas de mantenimiento del aire en edificios.

El mantenimiento inadecuado de los sistemas de ventilación y climatización puede originar focos de microorganismos que se expanden por todo el sistema de circulación del aire.

 

En un primer momento hay que inspeccionar el proyecto y el funcionamiento del sistema de ventilación, controlando las tasas de entrada de aire exterior, y adaptándolas a las necesidades de los sistemas de calentamiento, enfriamiento y humidificación.

Una segunda etapa implica un análisis de las concentraciones de gases nocivos en determinados puntos del edificio. La última etapa se apoya en la monitorización continua de lo que ocurre en el edificio a través de sensores de gases fijos, estudios e inspecciones a intervalos regulares que permitan hacer informes con metodologías, conclusiones y recomendaciones.

Poseer un edificio saludable implica, como mínimo, mantener una buena calidad del aire interior a través de tasas adecuadas de ventilación y una monitorización continua de las instalaciones.

Algunos informes nos dicen que una gran parte de las personas, sobretodo en ambientes urbanos, despenden entre 80 y 90% de su tiempo en el interior de edificios. Eso significa que en la mayor parte de nuestro tiempo nos encontramos sujetos a un ambiente artificial  modificado de un edificio. El problema principal es que en esa modificación suele ser negativa pues el problema de la calidad del aire es real y creciente.

Su naturaleza, todavía, es difícil de evaluar pues hay muchos componentes químicos diferentes implicados y algunos, tales como el radón (Rn) no son identificables.

 

Los problemas económicos, legales y de salud asociados a la calidad del aire relegaron el problema para una posición dominante durante este siglo. Seguramente los problemas asociados con la calidad del aire interior volverán más complejo el trabajo de ingenieros. Arquitectos y demás agentes del proceso constructivo.

La investigación en esta área ha conocido grandes desarrollos tras los años 90, particularmente en Europa y EE.UU. Varias agencias públicas y privadas estás involucradas en el estudio de la calidad del aire.

 

En 2008 la Comisión Europea aplicó la Nueva Directiva sobre Calidad del Aire para que los diferentes países copilasen sus normativas existentes relativas a controlo de la renovación del aire en edificios y promoviesen su calidad.

 

En esta directiva estuvieron definidos los criterios de cumplimiento aplicados tras 2010. Desde entonces la demanda por certificaciones de calidad del aire interior ha causado una disminución de las patologías constructivas que le están asociadas, particularmente la ocurrencia de condensaciones internas y superficiales que puedan comprometer la longevidad de los materiales de construcción y la calidad del aire interior.

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